27 de agosto de 2009

¡Optimismo please!

El otro día leí un libro super interesante que se llama “Tú eres lo más, no lo dudes ni por un minuto” de Penelope Raca, en el que esta prestigiosa psicoanimalista indicaba lo interesante que resultaba escribir nuestras emociones. Así que me he decidido a hacer un listado de cosas que me hacen sentir bien y cosas que me hacen sentir mal. A ver si luego, releyéndolo, caigo en la cuenta de que ganan por goleada las cosas buenas.

NOTA: Este blog es purito 2.0. Si continuas leyendo te COMPROMETES a escribir un comentario indicando qué es para ti lo más depre y lo más a secas. Si no lo hicieras, te diré que acabo de implementar el Google Analytics, y que sé perfectamente quién eres, donde vives, de qué color tienes el pelo y las paginas guarrillas que visitas, e iré a por ti: te jaquearé el blog si lo tienes, te demonizaré en tuiter, en feisbuk y en tu bar habitual y le enviaré anónimos a tu jefe contándole cuando entras a leer el marca y el hola y la forma de pillarte. Ahora, si dejas un comentario te añadiré a mi blogrol, linkaré tus sugerencias a tu web y tendrás en mí un amiguete para toda la vida.

Lo más depre:

1. La guerra, en todas las vertientes.
2. El que las cosas urgentes de la vida, frecuentemente, nos impidan pensar en las cosas importantes.
3. La desesperación en la cara de las putas de la calle Fuencarral en Madrid, cuando llego al despacho.
4. El miedo a morir.
5. La crisis, ¡joder con la crisis! Como diría Sabina…
6. El tiempo perdido.
7. Las broncas conduciendo que se inician nadie sabe como.
8. Saber que a veces no debiera hacer lo que hago y seguir haciéndolo.
9. Los niños que crecen más rápido que los demás, la pérdida de la inocencia…
10. Oír llorar a alguien a través de una pared.
11. Ver a Ramoncín en tertulias pseudoculturales.
12. Esos momentos en que tienes tanto que decir, que decides no decir nada.
13. Fallar a las personas que quieres.
14. Que sobren los dedos de una mano cuando de contar amigos se trata.
15. No ver lo que se avecina
16. Sentirme amenazado en la red (por Juan Manuel Serna)
17.
Ver rendirse a alguien cuando es evidente que podría seguir en pie
(por Antonio Domingo)
18. Ver cómo muchas personas se pasan la vida quejándose (por Bárbara)
19. Tener que rellenar el azucarero (por Alejandra)
20. La distancia de los que quiero (por Madalena)
21. Las discusiones sin sentido que no llevan a ninguna parte (por Mariam)
22. Las cangrejeras que me ponía mi madre (por Cristian)
23. Perder a un ser querido (por Virginia)
24. Las personas que manipulan y amenazan (por Anónimo)



Lo más:

1. La risa de un bebé. Soy muy cursi y es típico, ya lo sé, pero es alucinante.
2. Llegar a Zahara de los Atunes tras siete horas de viaje. Bajar del coche, meter los pies en la arena y coger aire, mucho aire.
3. Que un amigo confíe en ti.
4. El primer trago de una noche de cañas.
5. Oír crujir la nieve bajo tus pies.
6. Frío en la calle, buena cena, luz ténue, manta, sofá y peli.
7. Llegar a casa.
8. La mañana del día de Navidad
9. Ver la trilogía de American Pie del tirón :-P
10. El pan recién hecho.
11. Una ducha tras un día duro.
12. Saber quién te espera al final del camino ;-)
13. Que en la lucha contra la enfermedad venza la vida
14. Saber lo que tienes que hacer.
15. Confiar en que todo saldrá bien.
16. Encontrar nuevos blogs para leer (por Juan Manuel Serna)
17. Darme cuanta que la vida no me ha endurecido lo suficiente y sigue viviendo dentro de mi el niño que un día fuí (por
Antonio Domingo)
18. Besar apasionadamente (por Bárbara)
19. Las cartas que me escribe Gonzalo (por Alejandra)
20. Las ecografías (por Madalena)
21. La risa de Álvaro cuando le haces coquillas y la carita de Jaime cuando mira embelesado a su hermano (por Mariam)
22. Las Madres, con MAYÚSCULAS, que coño haríamos sin ellas (por Cristian)
23. Estar enamorado/a (por Virginia)
24. Ver a los niños sonreir (por Anónimo)

24 de agosto de 2009

10 consejos para elaborar un buen CV


Una de las premisas que me puse al empezar a escribir este blog era que nunca caería en la tentación de dar lecciones a nadie sobre nada. No tengo ni la autoridad ni las ganas. Sin embargo, en las últimas semanas varias personas con las que he trabajado a lo largo de estos últimos años me han contactado para pedirme consejos laborales, como afrontar entrevistas, como redactar su CV, etc… y esto me ha hecho pensar que quizá sea justo compartir contigo una experiencia que otras personas han encontrado útil. Voy a elaborar una serie de posts sobre este tema:

- Éste que estás leyendo, sobre la elaboración del CV

- Uno sobre la actitud que debemos proyectar en una entrevista

- Y por último otro sobre cómo negociar una oferta de trabajo

Así, que te voy a proponer una serie de consejos para elaborar un buen CV basándome única y exclusivamente en mi experiencia como empleador en algunas ocasiones y como demandante de empleo en otras, ya que no soy un experto en recursos humanos.

WYSIWIA

Este es un consejo más de índole inspiracional. Sé sincero en la información que muestres en tu CV. No mientas, no inventes fechas ni formaciones, no exageres en la descripción de tus responsabilidades y sé concreto. Que tu CV sea un fiel reflejpo de ti como profesional y como persona (What You See Is What I Am)

Elabora un CV vital

El CV vital será la base para la elaboración de los distintos CVs que puedas ir haciendo llegar a las empresas en las que te interese trabajar. Es muy sencillo, plasma en este CV absolutamente TODO. Desde el colegio en el que estudiaste hasta una descripción exhaustiva de todos y cada uno de los trabajos que hayas tenido. Incluye todos los cursos, por insignificantes que te parezcan, idiomas, trabajos de verano cuando eras un adolescente con exceso de acné, TODO. Y lo más importante, haz un trabajo de investigación exhaustivo, verifica fechas, nombre de las instituciones en las que has estudiado, websites de las empresas en las que has trabajado. Una vez más, TODO tiene que estar 100% correcto.

Ante la duda email

Los papeles se pierden, el email no y contamina menos. Si tu CV pasa la criba, no te preocupes, lo imprimirán.

No pierdas el tiempo

Nunca envíes por enviar tu CV. Si la oferta te interesa o crees que te puede interesar invierte unos minutos en averiguar bien a qué se dedica la empresa, expansión geográfica, organización, portfolio de productos y/o servicios, competencia, imagina que eres un potencial cliente de la empresa, ¿porqué les comprarías o no sus productos?, imagina que eres un comercial de la empresa, ¿cómo venderías sus productos?, y toma notas sobre estas reflexiones.

Personaliza tu CV

Ahora ya estás en posición de elaborar tu candidatura. Con todo lo que sabes de la empresa a mano y la descripción del puesto de trabajo, plántate delante de tu CV vital y vé eliminando todo aquello que creas que no vá a ser de interés para el seleccionador. En muchos casos creemos que enumerar todo el desglose de cursos que hicimos mientras estudiábamos derecho dá caché a nuestro CV. Y así sería si lo enviamos a un despacho jurídico, pero te aseguro que si lo enviamos a una empresa de publicidad que busca comerciales para vender artículos promocionales, eso no les interesa nada. Importante actualizar la fecha de tu CV nada causa peor efecto que recibir un CV “actualizado” hace meses.

La primera imagen es la que cuenta

Maqueta tu CV. Usa negrita, incluso un color además del negro, pero es imprescindible que de un vistazo el seleccionador pueda localizar toda la información y que la sensación que dé sea de orden. Si su primera impresión es de caos, automáticamente te identificará con una persona desordenada y desastre, si por el contrario la presentación es impecable el feeling hacia ti será bueno, y ahora ya sólo le quedará valorar tu candidatura objetivamente.

Sé tú mismo

La forma de comunicarse ha cambiado, házlo tú también. Abandona el modelo rancio de las cartas de presentación de los manuales de RRHH. Sé más natural, utiliza el email, sáltate un poco la norma, sé un poco descarado (sólo un poco…). Nunca olvides que al otro lado de la red, será una persona como tú la que lea tu CV. Agradecerá un poco de naturalidad siempre dentro de un estricto respeto, por supuesto.

El tamaño si importa

Un curriculum no debe extenderse de un número x de páginas. Lo justo como para que puedas exponer la experiencia y formación relevante acorde al puesto al que postulas. En determinadas profesiones es muy habitual CVs muy extensos (por ejemplo en ámbitos médicos). En la empresa no es tan habitual. En cualquier caso también dependerá del tipo de puesto al que optas. Sé consecuente: un puesto directivo siempre requerirá mayor cantidad de información y concreción que uno de perfil más básico. No soy amigo de las reglas, pero te recomendaría que tu CV no se alargara más allá de dos páginas.

Vigila la ortografía y el estilo

Es obvio, pero parece que muchas veces lo olvidamos, vigila la ortografía. Ten muchísimo cuidado con estos detalles ya que dejan invariablemente un mal sabor de boca al receptor del CV. Te sorprenderías de la cantidad de CVs que he podido recibir en mi vida con faltas de ortografía. Los desecho automáticamente. También es crítico usar un tipo de fuente común (te recomiendo arial o times new roman) e insertar la fotografía en el encabezamiento, de forma que el documento no se descomponga. Si dispones de las últimas versiones de Word, recuerda guardar tu archivo como un .doc, sino se grabará por defecto como un .docx. Te sorprendería la cantidad de empresas que aún utilizan versiones antiguas de Word. Mejor aún envíalo en PDF.

Archiva

En tu carpeta trabajo/nombredelaempresa. guarda una copia del anuncio al que respondes (si es una oferta web, haz un pantallazo ya que frecuentemente las ofertas son borradas), del CV que envíes (aunque sea idéntico que el que hayas enviado en otras ocasiones), de tu carta de presentación y de las anotaciones que hayas realizado sobre la empresa en cuestión. Nunca sabes si te llamaran de un trabajo o no, pero cuando lo hagan te será muy útil tener perfectamente localizada esta información. Ten en cuenta que en la entrevista, tu interlocutor tiene tu CV delante pero quizá tu lo escribiste hace semanas o incluso meses. No hay nada que dé peor imágen que una situación como esta:

-Cuénteme Juan, ¿Cómo acabó usted trabajando de horneador de bizcochos de soletilla?

-Humm, eh¿?, hummm, ¿pone eso?... ¡Se me olvidó quitarlo! Si, fué un verano que quería ganar dinero para irme de interrail…

-¡Ah! Bueno, sabe usted que postula a un puesto de director jurídico en nuestra delegación de Hong Kong, ¿verdad?

20 de agosto de 2009

Pedro Gómez, Burlington y Levi´s etiqueta roja

Jo, siempre que veo a los quinceañeros de hoy en día me asombra la pinta que llevan. Hoy he visto a un grupito en la calle: vaqueros deconstruidos, (como la chusta de tortilla de Ferrán Adriá), que les llegaban más o menos a la mitad de las nalgas, y por debajo llevaban unos gayumbos tipo bóxer muy monos, de rayas, florecillas o similar. Camiseta relavada de O´Neill, unos colgantes de esos como muy pegados al cuello, de cuentas de madera, y por supuesto una melena descuidadamente cuidada: es una especie de filete de pelo que les cae por la frente y les tapa los ojos. Por un momento pensé que sería efecto del viento, pero en un momento dado me dí cuenta de que uno de ellos estaba mirando su reflejo en un escaparate y con sumo cuidado extendía la lonchaca de pelo por la frente para que le llegase más o menos a la altura de la nariz. Hablaban muy alto. Debe ser porque se guían por las ondas y el ruído, como las cucarachas o los murciélagos, porque obviamente no pueden ver nada, y calzaban unas zapatillas unas cinco tallas mayor que las que usarían de ser sujetos normales, sin cordones.

Mientras me alejaba por la calle iba pensando en qué cara se me quedaría si alguna vez mis hijos salían así de casa (me queda un poco puesto que uno tiene 5 meses y el otro 2 años cortos). Y estaba escandalizado. No por las pintas en sí, sino por lo que de las mismas se trasciende: que son unos palurdos. Pero claro, entonces me he acordado de la cara de mis padres cuando yo salía de casa a la edad de quince años, y aunque creo sinceramente que nuestras pintas eran más entrañables (por decirlo de alguna manera) quería comprobar con vosotros si realmente la historia se repite y sólo cambian las formas que se adaptan al devenir de los tiempos, o es que la raza humana tiende a una capullez irremediable…

Yo fuí un pijo de finales de los ochenta y principios de los noventa. No puedo negarlo. Me acuerdo de algunos de los ropajes que vestía (aún tengo alguno escondido en el fondo de un armario) y flipo en colores. Así que os adjunto un pequeño manual del vestuario pijeril madrileño de aquellos años:

Zapatos: Camper, irremediablemente tenían que ser Camper. Por supuesto las Nike también estaban muy de moda y se podían combinar con unos vaqueros, un traje con hombreras o un abrigo de visón. Eran especialmente valorados los zapatos de cordones, en piel burdeos o ante marrón, siendo lo más los que además tenían agujeritos.

Calcetines: tras un brevísimo triunfo del calceto blanco gracias nada menos que a Michael Jackson, éste pasó a estar prohibido en las discotecas (siempre me pregunté si esto era cierto o una leyenda urbana…) y se impuso el de rombos. Pero no cualquiera. Tenía que ser el de Burlington. Se distinguían claramente en que tenían una especia de chapita a cada lado del calceto y que eran relativamente cortos, sólo tenían dos rombos. Si tenían más no eran Burlington y merecías una muerte lenta y muy dolorosa. Socialmente hablando.

Pantalones: Aquí sólo había una opción: Levi´s. Eran lo más, pero ojo, con matices: estaban los etiqueta naranja, que los llevaban sobretodo los quiero y no puedo, los quiero ser pijo pero me quedo en el camino. Si la economía familiar sólo llegaba a poder proporcionarte unos etiqueta naranja, era mejor que te cuestionaras si la pija era de verdad tu tribu urbana. Vamos, algo así como los que hoy en día tienen una HTC. que si el Android Market está muy bien… que si tiene teclado… si, si, pero no es un iPhone... Luego estaban los etiqueta de cuero: un escalafón social más arriba que los naranja, y los llevaban sobretodo los malotes acompañados de unas botas Panama Jack o Timberland muy guarras. Los deseados etiqueta roja. Estos eran el Mercedes de los pantalones. El que todo el mundo quería, pero eso sí, tenían que ser 501, ni 500 ni 502, 501. Y por último estaban los etiqueta verde. Joder los etiqueta verde eran tan caros y tan molones que algunos aún creen que eran una leyenda urbana. Pero no, existían, costaban 13.000 pelas de las de entonces y solo los tenían los inmortales, los líderes, los Hombres G. Una moda común a todas las etiquetas era romperlos. Pegarles un buen tajo en la rodilla o en la base de una nalga si eras un poco zorra, era también un buen ejemplo de pijerío. Lo más era ponerle debajo un parche de tela de florecillas. Que cosas…

Las camisas: no estoy seguro de que hubiera marcas molonas para las camisas, lo que sí recuerdo era que había unas reglas básicas que debías cumplir si no querías ser defenestrado: tenían que ser de rayas o lisas, nada de cuadros, que eso era para los leñadores y SIEMPRE había que llevarlas con una camiseta debajo y sin meter por los pantalones. Si eras de los de polo o camiseta esta regla también regía, debías llevar como mínimo dos o tres y si lo de arriba era un polo podías permitirte hasta levantar el cuello. Por supuesto era recomendable doblar un poco las mangas de la camiseta, a lo Brandon Walsh en Sensación de Vivir

El jersey: Privata, ¿que más se puede decir? Tejido mezcla de lana y acrílico, veinte tallas más grande (podía llegar a las rodillas sin problema), con un triangulito con la marca a la altura del bíceps que enmarcaba la palabra sagrada: Privata… Coño que disgusto me llevé cuando me regalaron uno y un amigo se dio cuenta de que no ponía Privata sino Private… De repente el jersey que con tanto orgullo había llevado, calentito cuando hacía frío y fresco con los calores, de un intenso azul cielo mariquichuli que te mueres, y grande, muy grande, se me antojó un objeto enviado por el mismo satán para acabar con mi vida social. Me lo dejé olvidado a propósito en un aula y sólo volví a verlo en el cuarto de objetos perdidos del colegio. Obviamente dejé que mi mirada pasara por encima del mismo como si en mi vida hubiera visto una prenda de tan mal gusto.

El abrigo: en este campo había un poco más donde elegir. Estuvieron especialmente de moda las cazadoras tipo bomber, de Chevignon o de Avirex, las cazadoras vaqueras de Levi´s, of course (aquí también regía el tema de las etiquetas), que podían ser de borrego, o sin él, y con el cuello de pana o cuero o similar. También hubo una época que estaban super de moda los plumas. Estos podían ser de Roc Neige o de… Pedro Gómez. Tener un Roc Neige estaba muy bien, era un abrigo muy molón, y bueno. Pero tener un Pedro Gómez… Tener un Pedro Gómez era la llave de oro a la corte celestial del pijerío (tirando a malote, las cosas como son). Estos te los hacían a medida y su coste se aproximaba a las 75.000 pelas. Algo así como los 1.200 machacantes de hoy. La verdad es que hubo un tiempo en que era tanta la gente que llevaba plumas, que pasear por Madrid era como ver una Michelin Parade.

Os dejo con esta representación de pijerío madrileño representada por Santiago Segura y Javier Gutiérrez:



Nota: No tengo ni la más remota idea de quien es el autor de la foto de Bart y Lisa. Si alguien lo supiera, por favor que me envíe un mensaje para mencionarle.

19 de agosto de 2009

Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta

Creo sinceramente que Doctor en Alaska (Northern Exposure) es la mejor serie de todos los tiempos. Recuerdo perfectamente como los viernes a eso de medianoche enchufaba La 2 y me disponía, Häagen-Dasz en mano, a ver un par de capítulos (hasta tres algunos viernes). Era una serie que se desarrollaba en un ambiente onírico y encantador, que mezclaba a la perfección humor, referencias intelectuales, romanticismo, literatura, historia … Y por supuesto con una dosis de entretenimiento que sólo los productos Made in Usa saben generar.

No me gusta nada el concepto de fan. Me parece absurdo y patético. Sin embargo, fuí fan de esta serie. Creo que ha sido de lo único de lo que me he sentido fan. Tanto es así que hasta fuí capaz de elaborar una lista de los libros que Chris Stevens mencionaba en sus emisiones radiofónicas en la Radio K-Oso. En esta lista encontré dos perlas que hoy me permito recomendaros:

“Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta”, escrito por el filósofo Robert M. Pirsig es uno de los libros que más me han marcado. Lo leí además a la tierna y vulnerable edad de 21 años. En él, el autor expone sus vivencias y opiniones sobre temas tan variados como el arte, la vida y la tecnología: la metafísica de la calidad. Lo curioso de este libro es cómo se exponen estos pensamientos: en forma de autobiografía, Pirsig cuenta un viaje que hizo con su hijo por el centro de Estados Unidos en motocicleta. Es una bonita historia que leer y un extraordinario libro sobre el que meditar.

El segundo libro es “La promesa del alba”, de Romain Gary. Gary fue un tipo con una vida excepcionalmente interesante, y en este libro, cuenta parte de ella. Nació en Lituania en 1914 y a lo largo de su vida conoció la pobreza y el lujo, fué aviador en la 2ª guerra mundial, combatió en Inglaterra, Etiopía y Siria, fué cónsul de Francia en los Ángeles, obtuvo dos premios Goncourt y se casó con una estrella de cine de la época… Hasta que se suicidó en 1980, un año después de que lo hiciera su última mujer, Jean Seberg.

Es curioso pero que recuerde, esta serie no ha dado ningún actor que haya tenido una especialmente brillante carrera. Recuerdo en concreto al ya mencionado actor que interpretaba a Chris Stevens, John Corbett. El papel que hacía en esta serie eclipsaba por completo al del actor Rob Morrow (que interpretaba a Joel Fleischman, protagonista de la serie). En el segundo capítulo de la tercera temporada, John Corbett iniciaba su locución en la radio con una entrada que siempre me encantó:

“La mayoría habéis estado donde yo estoy esta noche, en el lugar del accidente del amor no correspondido. Y os habéis preguntado, ¿cómo he llegado hasta aquí?, ¿qué tiene ella de especial?, ¿será su sonrisa?, ¿cómo cruza las piernas?, ¿la forma de su tobillo?, ¿la conmovedora vulnerabilidad de su cintura?, ¿cuáles son esas cosas ilusivas y efímeras que encienden la pasión en el corazón humano? Es la eterna pregunta, el alimento perfecto para la mente en una cálida noche de verano. Eh! tu lo has dicho mejor Will*: el amor no mira con los ojos sino con el corazón. Por eso al alado Cupido siempre lo pintan ciego. Si.”

*William Shakespeare

Os dejo con una foto de Chris Stevens obtenida de www.nxfansite.net.au


6 de agosto de 2009

La tableta de chocolate

Esta moda de lucir tableta de chocolate (TDC) es una mierda. Una moda como Dios manda, te permite adoptarla de forma inmediata, ya sea con pasta o adaptando tu personalidad a ella, pero lo de la TDC requiere años y años de esfuerzos. Ahora sí, una cosa es cierta, el efecto inicial es demoledor. O sino, mirad esta imágen de Brad Pitt en Snatch:



Me encantan las tías, de verdad, pero creo que si algún día me encontrara con semejante vigardo sería capaz de replantearme mi sexualidad. De todas formas, que nadie se engañe, estos vientres no existen. Al menos en España. Quizá en EEUU sí, ya sabemos que los yanquis son una raza superior a los spaniards. Pero no aquí.

Como no quiero que nadie piense que soy el típico gordito que desprecia las TDC a sabiendas de que nunca tendrá una que no sea comestible, voy a demostraros punto por punto porqué las abdominales son un aspecto a temer e incluso a evitar.

1. Un tío con TDC probablemente te afloje una yoya, la ecuación es clarísima:

Tengo abdominales de toma pan y moja,
Un tipo se me queda mirando la tripa,
Como no he cultivado tanto la mente como el cuerpo creo que me mira el paquete,
Como hace cinco años que no como más de 200 calorías, tengo “un mal día”
Consecuencia: Le pego una yoya

2. Un tío con TDC no mira raro, es que está estreñido:

Un reciente estudio del prestigioso proctólogo congoleño Mhago Popó así lo demuestra. Trás años de estudios, llegó a la conclusión de que la mezcla de complejos proteínicos, tofú y lechuga, causan en los intestinos de los tíos con TDC una masa compacta similar a la que causa la cocacola mezclada con Bayley´s (no, no es una leyenda urbana). En boca del Dr Popó: “Para estos pacientes es más dificil hacer una cagarruta que para cualquier español ver un brote verde”

3. Un tío con TDC es un hortera:

Demostrado lo jodido que es tener una TDC, el que al fín la tiene debe enfrentarse a un hecho acojonante: no se vé. La puede mostrar en la playa, o en la piscina, o en la intimidad hablando catalán, pero normalmente nadie la vá a ver. Al final se hace imperativo el uso de camisetas de malla, camisas desabrochadas, pantalones medio caídos o chalecos de cuero sin nada debajo.

4. Un tío con TDC probablemente tendrá la gripe A:

La vestimenta de las prendas enumeradas en el punto anterior, es imperativa también en invierno.

5. La mujer de un tío con TDC estará más estresada y tendrá tortícolis:

Un reciente estudio realizado entre 35 millones de mujeres por la Dra. Marisa Lida, del Departamento de Patologías Adversas Relacionadas con el Compañero Sentimental (DPARCS), ha demostrado que a la hora de ver una peli en el sofá de casa, una mujer tendrá una experiencia mucho más placentera, relajante y sin riesgo de traumatismos en cuello y cervicales, si la vé recostada sobre una mullida y blandita tripa en lugar de sobre una dura y angulosa TDC.