8 de septiembre de 2009

De la realidad, el optimismo y la idiotez

Corren malos tiempos para la economía, y parece que esta situación, para muchos, constituye una excusa perfecta para dejarse llevar y regodearse en nuestra mala suerte. La verdad es que el ambiente no ayuda mucho, encender la radio es como para ponerse a llorar, se pronuncia la palabra crisis a un ritmo creciente, no he hecho la prueba pero estoy seguro de que si tuviera tiempo para apuntar cuentas veces se escucha esta palabra en cualquier tertulia mañanera, hablaría de docenas. Hablo de la radio, pero la situación se repite en televisión, periódicos, internet, etc…

¿Cuál es la realidad? Desde mi punto de vista está claro, la crisis es un hecho, pero que los españolitos somos muy palurdos también. Me hace gracia cuando escucho que la crisis empezó en el 2008, ¿seguro? Desde mi punto de vista, una situación de bonanza basada en el crédito, en la circulación interna de dinero, y en la que no se aprovecha una situación de optimismo generalizado para innovar, para crear, para exportar y en definitiva para construir (no casas, obviamente), no es una época de bonanza, es un espejismo. Hemos corrido todos por el desierto con la visión de un oasis en el horizonte y cuando llegamos lo que nos hemos encontrado ha sido más arena, fina y tórrida, pero ni rastro del oasis. Ahora miramos hacia arriba, y vemos a ZP y sus secuaces y pedimos soluciones, para pagar la hipoteca que nos cuesta el 90% de nuestros ingresos, para encontrar trabajo, para crear una empresa, para vivir. Y al bloqueo y falta de reacción de un gobierno aquejado de parálisis permanente se suma nuestra falta de ideas y de iniciativa.

¿Nos salvarán los Estados Unidos?, porque ahora el antiamericanismo ha descendido drásticamente en éste nuestro país… ¿O quizás un cambio de gobierno? ¿O será Europa (la otra, no la nuestra, la del norte) la que tenga que volver a tirar del carro?
Quién sabe, pero una cosa está clara, en tanto y en cuanto no seamos capaces de resolver nuestros propios problemas y no hablo como país, hablo como individuos, como unidades familiares, nunca seremos dueños de nuestro propio destino. El gobierno no puede sacarnos las castañas del fuego, pero si puede dejar de poner zancadillas: apoyando la iniciativa privada, facilitando la creación de empresas, eliminando las subvenciones que hacen caer en picado la innovación y subir la competencia desleal, evitando que 2 de cada diez españoles sean funcionarios, haciendo que el INEM sea capaz de aglutinar ofertas de empleo en lugar de servir sólo para pagar subsidios, apoyando en definitiva la generación de riqueza desde España.

Lamentablemente esto lo veo muy poco probable, el gobierno no quiere y probablemente tampoco pueda cambiar su política de forma tan radical, pero además ¿le seguiríamos los españoles? Probablemente no. Es más cómodo vivir del estado, esperar a que nos solucionen nuestros problemas y defender nuestro derecho a vivir bien, en lugar de nuestro deber de asegurarnos nuestra subsistencia.

A mi entender, debemos empezar por entender y aceptar la realidad, como individuos, cargarnos de optimismo vital y empezar a tirar de nuestro carro con fuerza, a buscar trabajo, a crear empresa, a formarnos. Pero sobre todo, dejarnos de idioteces, de sentarnos a esperar y no tener en cuenta que nuestro futuro está en nuestras manos.

2 comentarios:

Miguel dijo...

Yiahs, un punto más liberal de lo que soy yo, pero qué coño, tienes toda la razón.

Grant dijo...

Amén.