20 de agosto de 2009

Pedro Gómez, Burlington y Levi´s etiqueta roja

Jo, siempre que veo a los quinceañeros de hoy en día me asombra la pinta que llevan. Hoy he visto a un grupito en la calle: vaqueros deconstruidos, (como la chusta de tortilla de Ferrán Adriá), que les llegaban más o menos a la mitad de las nalgas, y por debajo llevaban unos gayumbos tipo bóxer muy monos, de rayas, florecillas o similar. Camiseta relavada de O´Neill, unos colgantes de esos como muy pegados al cuello, de cuentas de madera, y por supuesto una melena descuidadamente cuidada: es una especie de filete de pelo que les cae por la frente y les tapa los ojos. Por un momento pensé que sería efecto del viento, pero en un momento dado me dí cuenta de que uno de ellos estaba mirando su reflejo en un escaparate y con sumo cuidado extendía la lonchaca de pelo por la frente para que le llegase más o menos a la altura de la nariz. Hablaban muy alto. Debe ser porque se guían por las ondas y el ruído, como las cucarachas o los murciélagos, porque obviamente no pueden ver nada, y calzaban unas zapatillas unas cinco tallas mayor que las que usarían de ser sujetos normales, sin cordones.

Mientras me alejaba por la calle iba pensando en qué cara se me quedaría si alguna vez mis hijos salían así de casa (me queda un poco puesto que uno tiene 5 meses y el otro 2 años cortos). Y estaba escandalizado. No por las pintas en sí, sino por lo que de las mismas se trasciende: que son unos palurdos. Pero claro, entonces me he acordado de la cara de mis padres cuando yo salía de casa a la edad de quince años, y aunque creo sinceramente que nuestras pintas eran más entrañables (por decirlo de alguna manera) quería comprobar con vosotros si realmente la historia se repite y sólo cambian las formas que se adaptan al devenir de los tiempos, o es que la raza humana tiende a una capullez irremediable…

Yo fuí un pijo de finales de los ochenta y principios de los noventa. No puedo negarlo. Me acuerdo de algunos de los ropajes que vestía (aún tengo alguno escondido en el fondo de un armario) y flipo en colores. Así que os adjunto un pequeño manual del vestuario pijeril madrileño de aquellos años:

Zapatos: Camper, irremediablemente tenían que ser Camper. Por supuesto las Nike también estaban muy de moda y se podían combinar con unos vaqueros, un traje con hombreras o un abrigo de visón. Eran especialmente valorados los zapatos de cordones, en piel burdeos o ante marrón, siendo lo más los que además tenían agujeritos.

Calcetines: tras un brevísimo triunfo del calceto blanco gracias nada menos que a Michael Jackson, éste pasó a estar prohibido en las discotecas (siempre me pregunté si esto era cierto o una leyenda urbana…) y se impuso el de rombos. Pero no cualquiera. Tenía que ser el de Burlington. Se distinguían claramente en que tenían una especia de chapita a cada lado del calceto y que eran relativamente cortos, sólo tenían dos rombos. Si tenían más no eran Burlington y merecías una muerte lenta y muy dolorosa. Socialmente hablando.

Pantalones: Aquí sólo había una opción: Levi´s. Eran lo más, pero ojo, con matices: estaban los etiqueta naranja, que los llevaban sobretodo los quiero y no puedo, los quiero ser pijo pero me quedo en el camino. Si la economía familiar sólo llegaba a poder proporcionarte unos etiqueta naranja, era mejor que te cuestionaras si la pija era de verdad tu tribu urbana. Vamos, algo así como los que hoy en día tienen una HTC. que si el Android Market está muy bien… que si tiene teclado… si, si, pero no es un iPhone... Luego estaban los etiqueta de cuero: un escalafón social más arriba que los naranja, y los llevaban sobretodo los malotes acompañados de unas botas Panama Jack o Timberland muy guarras. Los deseados etiqueta roja. Estos eran el Mercedes de los pantalones. El que todo el mundo quería, pero eso sí, tenían que ser 501, ni 500 ni 502, 501. Y por último estaban los etiqueta verde. Joder los etiqueta verde eran tan caros y tan molones que algunos aún creen que eran una leyenda urbana. Pero no, existían, costaban 13.000 pelas de las de entonces y solo los tenían los inmortales, los líderes, los Hombres G. Una moda común a todas las etiquetas era romperlos. Pegarles un buen tajo en la rodilla o en la base de una nalga si eras un poco zorra, era también un buen ejemplo de pijerío. Lo más era ponerle debajo un parche de tela de florecillas. Que cosas…

Las camisas: no estoy seguro de que hubiera marcas molonas para las camisas, lo que sí recuerdo era que había unas reglas básicas que debías cumplir si no querías ser defenestrado: tenían que ser de rayas o lisas, nada de cuadros, que eso era para los leñadores y SIEMPRE había que llevarlas con una camiseta debajo y sin meter por los pantalones. Si eras de los de polo o camiseta esta regla también regía, debías llevar como mínimo dos o tres y si lo de arriba era un polo podías permitirte hasta levantar el cuello. Por supuesto era recomendable doblar un poco las mangas de la camiseta, a lo Brandon Walsh en Sensación de Vivir

El jersey: Privata, ¿que más se puede decir? Tejido mezcla de lana y acrílico, veinte tallas más grande (podía llegar a las rodillas sin problema), con un triangulito con la marca a la altura del bíceps que enmarcaba la palabra sagrada: Privata… Coño que disgusto me llevé cuando me regalaron uno y un amigo se dio cuenta de que no ponía Privata sino Private… De repente el jersey que con tanto orgullo había llevado, calentito cuando hacía frío y fresco con los calores, de un intenso azul cielo mariquichuli que te mueres, y grande, muy grande, se me antojó un objeto enviado por el mismo satán para acabar con mi vida social. Me lo dejé olvidado a propósito en un aula y sólo volví a verlo en el cuarto de objetos perdidos del colegio. Obviamente dejé que mi mirada pasara por encima del mismo como si en mi vida hubiera visto una prenda de tan mal gusto.

El abrigo: en este campo había un poco más donde elegir. Estuvieron especialmente de moda las cazadoras tipo bomber, de Chevignon o de Avirex, las cazadoras vaqueras de Levi´s, of course (aquí también regía el tema de las etiquetas), que podían ser de borrego, o sin él, y con el cuello de pana o cuero o similar. También hubo una época que estaban super de moda los plumas. Estos podían ser de Roc Neige o de… Pedro Gómez. Tener un Roc Neige estaba muy bien, era un abrigo muy molón, y bueno. Pero tener un Pedro Gómez… Tener un Pedro Gómez era la llave de oro a la corte celestial del pijerío (tirando a malote, las cosas como son). Estos te los hacían a medida y su coste se aproximaba a las 75.000 pelas. Algo así como los 1.200 machacantes de hoy. La verdad es que hubo un tiempo en que era tanta la gente que llevaba plumas, que pasear por Madrid era como ver una Michelin Parade.

Os dejo con esta representación de pijerío madrileño representada por Santiago Segura y Javier Gutiérrez:



Nota: No tengo ni la más remota idea de quien es el autor de la foto de Bart y Lisa. Si alguien lo supiera, por favor que me envíe un mensaje para mencionarle.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Oscar; sin mas palabras excelente retrato de nuestra ridicula juventud-adolescencia.

26041998 dijo...

Oscar, los jovenzuelos a los que haces referencia son la cream de la cream de la chavalería actual. O si no piensa en los poligoneros y sus oros, sus pelos teñidos a manchas o con una especie de corona en otro color...Vamos, que a mi los del pelo filete con lo limpito que lo llevan me hacen volver a creer en que hay esperanza para la juventud.

Cristian dijo...

chungui pijo!!!
Te has dejado las camisetas amarras y caribeann, los castellanos, las adidas stan smith (no eras nadie sin ellas), y por supuesto los vaqueros Charro, dignos contrincantes de los Levis 501, aunque nunca lograron desvancarlos.

Mariam dijo...

Y qué monas íbamos nosotras con el pañuelito al cuello perfectamente conjuntado con el jersey, camisa o chaqueta, pendientes, pulseras,calcetines, etc.
Las mañanas antes de ir a clase eran una auténtica odisea hasta que se verificaba que todo estaba conjuntado al detalle...

Pelopisa dijo...

tal cual...aquí, allí y en todos lados!

Juanito dijo...

Pero para "malos" en la época de los 90 habría que añadir las Ray-Ban (Balorama[qué fue de ellas?]), los Chevignon militares, las zapatillas New Balance (series 1500,1600 y 1700 para se un auténtico malo). La cartera con cadena, camisetas Tomy Hawk y Bones(también Fear Nada) y las famosísimas Fruit of the Loom de los Kellog´s, ¿quién no tenía una?
Otra era la borrega Levi´s (cazadora de culto hoy en día), pero no eras un auténtico "malo" sin un Pedrito (plumas Pedro Gómez), yo tuve uno. Todavía sigo gastando las NB.

Anónimo dijo...

Que bueno! Lo he leído con mis amigos y nos has dado conversación para 2 horas!!!